Amiga
o enemiga, no lo sé, puede ser una disfrazada de la otra, o la otra que parece
ser, lo que en realidad no es, pero tanto una como la otra, acechan todo el
día, a todas horas, lo sientes lo percibes, en ocasiones el acecho es tan
inminente y evidente que causa angustia, como quien se sabe a merced,
desprotegido, vulnerable; el miedo entra a escena, modifica los sentidos,
retrae los pensamientos, desechando prácticamente todos, dejando solo los
esencialmente indispensables para hacer frente al momento, la respiración no
escapa a las ordenes del miedo y se alinea, modifica su ritmo y lanza a intervalos,
bocanadas de aire que provean de este vital elemento al cerebro, tiene que ser más
eficiente en estos momentos, por ello requiere de grandes cantidades de
oxigeno, tiene que actuar con rapidez pero con la mayor certeza de que es capaz,
pues lo que sucederá después, dependerá de su proceder, el movimiento de las
extremidades es mínimo, se limita éste, a adoptar lentamente la posición más
adecuada para el momento, el oído se
agudiza a tal grado, que es capaz de escuchar lo que del interior proviene,
incluso, los pensamientos, del exterior prácticamente se desconecta poniendo en
marcha una compleja e incomprensible red de exclusión, permitiendo escuchar del
exterior, solo aquello que considera útil para la circunstancia; todo está
dispuesto, se acerca el momento.
Y entonces,
el momento llega, implacable, impostergable e intransigente, como casi siempre
es, no hay opción, hay que enfrentarla, de lo contrario te perseguirá, día y
noche hasta que la enfrentes, ya no te acecha, ahora te enfrentará a cada
momento , no hay más que una salida, el enfrentamiento.
Comienza el
enfrentamiento, confías, aunque siempre habrá dudas, pero no hay opción, hay
que confiar, te lo repites una y otra vez, en un primer momento sopesas, se
agolpan las opciones, los “pros” te animan en un primer momento y opaca a los
contras, pero basta una buena contra para hacer dudar de todos los “pros”;
valoras todo, incluso lo invaluable ahora tiene un valor, positivo o negativo,
o a veces uno y otras otro, rescatas del pasado lo vivido y lo que se hubiera
querido vivir, los ¿por qué si y por qué no?, la imaginación también participa,
y te dibuja cualquier cantidad de escenarios, buenos, malos, alegras, tristes,
esplendorosos o catastróficos, la conciencia los reconoces utópicos, sin
embargo los utiliza, como único recurso ante lo que le es imposible enfrentar
de otra manera; todo ocurre simultáneamente, las capacidades trabajan a niveles
impensables, pero en general no eres consciente de ello, todo trabaja de manera
automática, todo fluye a veces con claridad y otras no tanto, has perdido la noción
del tiempo, has perdido la noción de prácticamente todo, incluso la noción de
que te encuentras ya en el punto más álgido del enfrentamiento.
Tienes una
extraña sensación, un inevitable remanente, siempre es así, es la naturaleza
propia del ser; pero lo sabes con certeza, todo ha terminado y es momento de
comenzar; la decisión te acechó, te
enfrento y la enfrentaste, has tomado tu decisión, por el momento no te
enfrentara mas, te acechará como siempre; amiga o enemiga, creo que son ambas, dependerá
de la decisión que hayas tomado, si ésta se convertirá en tu mejor amiga o la
peor de tus enemigas.
Por lo
pronto y durante un tiempo, te seguirás preguntando ¿tomé la mejor decisión? ¿La
enfrenté bien? Y para cuando hayas podido contestar estas preguntas, será demasiado
tarde, púes el acecho ha terminado, y ahora el enfrentamiento, es inevitable…
Gabriel F.